jardín flotante

jardín flotante

 

De Chabacano a Pino Suárez, el Jardín Flotante Tlallipan ofrece un recorrido peatonal entre árboles, flores, fuentes, bancas y espacios para actividades culturales sobre Calzada de Tlalpan.

Hay otra manera de caminar Tlalpan.

Desde la estación Chabacano comienza el recorrido por el Jardín Flotante Tlallipan, un espacio elevado que transformó la perspectiva cotidiana de esta zona de la Ciudad de México. Arriba del Metro, donde antes predominaba la infraestructura, ahora aparecen árboles, flores, plantas de ornato, fuentes y espacios para descansar.

El cambio se nota desde los primeros pasos.

A los lados del camino hay vegetación y, entre ella, trabajadores dedicados a mantenerla. Se les encuentra regando, podando, retirando hierba y acomodando la tierra. El jardín requiere atención constante y durante el recorrido es frecuente encontrarlos trabajando.

También hay bancas, aunque no todas cuentan con sombra, además de recipientes para separar residuos orgánicos, inorgánicos y reciclables.

Las fuentes llaman particularmente la atención. Están protegidas dentro de estructuras transparentes y forman parte de un sistema pensado para reducir la pérdida de agua.

Pero el Jardín Flotante no solamente se contempla.

Hay personas que lo utilizan para descansar, otras que se detienen a observar las flores y muchas que simplemente lo aprovechan como una ruta peatonal para avanzar por Tlalpan sin tener que sortear el movimiento de la avenida.

Es, al mismo tiempo, paseo y atajo.

Durante el trayecto aparecen figuras de aves, perros, cacomixtles, nopales y otros elementos relacionados con la fauna y vegetación de la Ciudad de México. También hay referencias al ajolote y a Xochimilco, con estructuras que recuerdan las entradas de las trajineras.

En algunos puntos hay mesas y sillas bajo sombra; en otros, espacios destinados a actividades culturales y comunitarias.

Incluso existen áreas para actividades de las Utopías, como el llamado Cuenco de las Emociones, donde se realizan talleres de orientación psicológica grupal.

La tranquilidad del lugar permite que algunas familias caminen con sus hijos, que las personas lleven a sus mascotas o que alguien simplemente se siente con el teléfono en la mano a dejar pasar el tiempo.

Desde arriba también cambia la vista de la ciudad.

Los edificios que rodean Calzada de Tlalpan ya no tienen frente a ellos únicamente la estructura del Metro. Desde sus ventanas ahora se observa una franja verde que acompaña el recorrido.

El Gobierno de la Ciudad de México informó que el espacio cuenta con 6 mil 200 metros cuadrados de áreas verdes, 176 árboles y más de 81 mil plantas.

Pero esos números se entienden mejor caminando.

A medida que el recorrido se acerca a Pino Suárez aparecen nuevos espacios para actividades, zonas de descanso y elementos que buscan darle identidad al jardín.

También permanecen las referencias a la ciudad histórica, con construcciones y trabajos que recuerdan que este corredor no nació de la nada: se encuentra sobre una de las zonas con mayor movimiento y memoria urbana de la capital.

Finalmente aparece el portal de Tlallipan, Jardín Flotante Ciudad de México, inspirado nuevamente en las entradas de las trajineras de Xochimilco.

Es prácticamente la despedida.

Después vienen los arcos de salida y el descenso hacia Pino Suárez.

Ahí hay un detalle importante: para quienes tienen dificultades de movilidad existe un elevador que conecta el jardín con la parte baja. Durante el recorrido lo probamos y funcionaba; es amplio, limpio y permite bajar lentamente hasta el nivel de la calle.

Desde ahí hay que cruzar una calle, continuar por el puente y avanzar hacia la zona comercial de Pino Suárez, donde finalmente se encuentra el acceso al Metro.

Arriba quedan los árboles, las flores, las fuentes y las bancas.

Abajo continúa la ciudad.

Y quizá esa sea una de las aportaciones más visibles del Jardín Flotante Tlallipan: no cambió la ciudad que existe alrededor, pero sí agregó otra forma de recorrerla.

A veces, para mirar la Ciudad de México de otra manera, no hace falta cambiar de ciudad.

Basta con cambiar de altura.

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