Algo está cambiando en la forma en que los mexicanos tomamos café. Y no, no hablamos solo de agregarle leche de avena o pedirlo “para llevar”. Hablamos de una transformación más profunda: el café de especialidad se está convirtiendo en parte de nuestra cultura urbana, y lo está haciendo con fuerza.
En los últimos cinco años, el mercado de café de especialidad en México ha crecido de manera sostenida, y los números lo confirman: según asociaciones del sector, la apertura de cafeterías independientes aumentó más del 20%. Pero más allá de las cifras, lo que está pasando es que cada vez más personas —sobre todo jóvenes— quieren saber de dónde viene su café, quién lo cultivó y cómo se preparó.
Ya no basta con que sea “un buen café”.
Ahora importa el origen, la trazabilidad, la historia detrás del grano. Y eso está cambiando todo: desde cómo elegimos dónde tomar un café hasta cómo valoramos el trabajo de quienes lo producen.
Del campo a la taza: una cadena que empieza a ser más justa
México tiene un tesoro cafetero en estados como Chiapas, Veracruz y Puebla, que concentran la mayor producción nacional. Ahí, en las montañas, caficultores trabajan tierras que por generaciones han dado granos de calidad mundial. Pero históricamente, muchos de ellos no recibían lo justo por su esfuerzo.
El auge del café de especialidad está empezando a cambiar eso. Modelos de comercio directo están permitiendo que los productores vendan directamente a tostadores y cafeterías, eliminando intermediarios y mejorando sus márgenes. Es un cambio que no solo impacta en la economía, sino también en la dignidad del trabajo campesino y en la sostenibilidad de las comunidades cafetaleras.
En las ciudades, una nueva cultura del café
Mientras tanto, en ciudades como CDMX, Guadalajara y Monterrey, las cafeterías de especialidad se multiplican. Ya no se trata solo de tomar un espresso rápido en la esquina. Ahora hay baristas que dominan métodos como el V60, el Chemex o el espresso de tueste claro, y que te explican con pasión las notas de tu taza: si tiene toques cítricos, si es achocolatado, si tiene acidez brillante.
Para muchos, esto puede sonar pretencioso. Pero en realidad es una invitación a redescubrir algo que siempre estuvo ahí: el café como experiencia sensorial, como producto cultural, como vínculo entre el campo y la ciudad.
Más que una tendencia: un cambio de conciencia
Lo que está pasando con el café de especialidad en México va más allá de lo gastronómico. Es un cambio de conciencia. Es entender que lo que consumimos tiene un impacto. Es valorar el trabajo detrás de cada taza. Es conectar con el origen de lo que llevamos a la mesa.
Y sí, también es disfrutar de un café delicioso, preparado con cuidado, en un espacio que invita a quedarse un rato más.
Porque al final, el café siempre ha sido eso: una excusa perfecta para detenernos, para conversar, para estar presentes. Solo que ahora, lo hacemos con un poco más de conciencia… y con mucho mejor sabor.
