Cuando la cultura también se cansa

Hay un cansancio que ya nadie disimula. Lo ves en cómo nos vestimos, en cómo hablamos, en cómo ocupamos los espacios. Y no es que nos falte creatividad o ganas—es que estamos saturados. La cultura hoy parece agotada de tener que estar explicándose todo el tiempo. Cada cosa que hacemos tiene que significar algo, cada foto necesita un mensaje, cada decisión merece una justificación.

Y eso se nota en cómo nos vemos. La ropa es más suelta, los colores más apagados, los cuerpos menos obsesionados con verse “bien”. El cansancio se transformó en algo visual. No es dejadez—es sinceridad. Vestirte sin tanto rollo, crear sin forzar, existir sin actuación permanente empieza a ser casi un acto rebelde cuando todo te pide estar siempre al cien.

Lo curioso es que esta forma de vernos no pide aprobación. No se vende como una tendencia cool, simplemente es. La cultura se ve cansada porque la gente lo está. Y por primera vez en mucho tiempo, parece que nadie quiere fingir lo contrario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *