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Chimalistac — El rincón escondido donde la ciudad se toma un respiro

En una ciudad que casi nunca duerme, Chimalistac es ese respiro que pocos conocen. Es un barrio que todavía parece caminar a otro ritmo: calles empedradas, muros que guardan humedad antigua y bugambilias que se asoman desde portones de madera como si saludaran en silencio. Aquí el ruido de los coches se queda atrás y lo único que escuchas es el eco de tus propios pasos.

Chimalistac no es para quien tiene prisa. Es un lugar para perderte despacio, para caminar sin rumbo fijo y dejar que el sol de la tarde te vaya llevando hasta sus callejones más escondidos. Las fachadas, en tonos ocres y verdes desgastados, parecen tener la textura exacta del tiempo; cada piedra, cada reja, cuenta una historia sin necesidad de palabras.

Por qué es un spot aesthetic: La luz aquí hace magia. Entre las ramas de los árboles se cuela suave y cae sobre los muros como una bruma dorada. Si vienes con cámara o celular, prueba tomas en movimiento: camina por las curvas, toca los muros, deja que el fondo se vaya difuminando. Es el tipo de lugar donde no hace falta posar; con estar ahí es suficiente.

📍 Cómo llegar a Chimalistac: Está al sur de la ciudad, entre Coyoacán y San Ángel, justo sobre Avenida Universidad, a la altura del metro Miguel Ángel de Quevedo (Línea 3). Desde ahí puedes caminar unos diez minutos por Miguel Ángel de Quevedo hacia el poniente hasta llegar a Calle Campillo o Plaza Federico Gamboa, donde empieza lo más bonito del barrio. Si prefieres transporte público, también pasan los metrobuses de la Línea 1 (bájate en La Bombilla) o puedes tomar un Ecobici desde Coyoacán y llegar pedaleando entre árboles.

Dato extra: A unas cuadras está el Café Avellaneda, pequeño, tranquilo, con paredes color vino y café recién molido. Perfecto para cerrar la caminata con una taza caliente mientras revisas las fotos del día.

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