La Semana Santa 2026 llegó a su fin ayer con el Domingo de Resurrección, que puso punto final a las festividades iniciadas el 29 de marzo con el Domingo de Ramos. En todo el país, millones de personas vivieron estos días a su manera: algunos en misa, otros en playa, muchos en carretera con el clásico tráfico de regreso que ya es casi una tradición en sí misma. Pero más allá de los números de afluencia turística, lo que esta Semana Santa dejó fue una imagen de un México que sigue encontrando en sus tradiciones un punto de encuentro que ninguna otra fecha del año logra replicar.
La Ciudad de México ofreció una agenda cultural generosa durante todos estos días. El Bosque de Chapultepec albergó el Festival Aqüifera del 2 al 5 de abril, con talleres, cine, conferencias y conciertos enfocados en el cuidado del agua, mientras los museos de la ciudad reportaron ocupaciones altas con visitantes que aprovecharon las vacaciones para redescubrir el patrimonio de la capital. En el Centro Histórico, la tradición de la Visita a las Siete Casas reunió a miles de familias y turistas recorriendo templos como la Catedral Metropolitana, el Sagrario y el Templo de Santo Domingo, en uno de los rituales más arraigados de la Semana Mayor capitalina.
Lo que resulta notable es la manera en que México ha sabido mantener vivas estas tradiciones mientras la sociedad cambia a su alrededor. La Semana Santa no es solo una festividad religiosa: es uno de los momentos del año en que el país se toma una pausa colectiva y, de alguna manera, respira diferente. Las vacaciones escolares se extienden hasta el 10 de abril, lo que significa que la ciudad seguirá en ese ritmo particular de los días festivos por algunos días más antes de retomar la velocidad habitual. Mientras tanto, las playas se vacían, las carreteras se llenan y México regresa, una vez más, a lo de siempre.
