Siempre hay quien se queda. Mientras las carreteras se llenan y los aeropuertos reportan sus números más altos del año, hay una parte de la ciudad que decide no moverse y que en silencio descubre que quedarse en la CDMX durante Semana Santa puede ser una de las mejores decisiones del año. Los que se quedan heredan una ciudad que respira diferente: menos tráfico, los mejores restaurantes sin lista de espera, museos con espacio para caminar, parques que por unos días recuperan su silencio. Y este año, con la Semana Santa arrancando el 29 de marzo, la ciudad tiene una agenda cultural pensada exactamente para ellos.
El Bosque de Chapultepec, que durante el resto del año puede sentirse como un reto logístico, se convierte en estos días en lo que siempre quiso ser: un parque enorme donde es posible caminar sin calcular cada paso. El Museo Nacional de Antropología, con su colección permanente que sigue siendo una de las mejores del mundo, es el plan que nunca falla y al que muchos defeños llevan años sin regresar a pesar de tenerlo a 20 minutos de casa. Bellas Artes, la Cineteca Nacional con su programación especial de temporada, y los mercados de barrio que durante las vacaciones se transforman en versiones más festivas de sí mismos completan una oferta que no pide pasaporte ni reservación.
Lo que Semana Santa le devuelve a la Ciudad de México es una versión de sí misma que durante el año normal no existe: más pausada, más habitable, más generosa. Los que lo saben, lo repiten. Los que aún no lo han probado tienen esta semana una oportunidad perfecta para descubrirlo. A veces el mejor viaje no empieza en el aeropuerto sino a dos cuadras de donde uno vive.
