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@petitroquefort
Havre 73, Juárez, Cuauhtémoc.
Hay calles en la Juárez que parecen existir en su propio ritmo, ajenas al ruido del resto de la ciudad. En una de ellas está Petit Roquefort, y cuando lo encuentras por primera vez tienes la extraña sensación de que ese lugar no debería estar ahí… o más bien, de que tú de repente ya no estás en México.
Es un restaurante chico, de esos que no necesitan presumir nada. Pocas mesas, luz que invita a quedarse, y una cocina que cocina francés de verdad: sopa de cebolla gratinada, steak frites, quesos que saben a brasserie parisina. Nada está puesto ahí para aparentar. Todo está puesto para que comas bien y te vayas contento, o mejor dicho, para que no quieras irte.
La gente que llega, casi siempre lo hace porque alguien más se los recomendó. Y eso dice mucho. Nadie tiene prisa, el vino aparece solo en la conversación y las tardes ahí tienen esa textura rara de las que uno recuerda sin saber muy bien por qué.
Petit Roquefort es de esos lugares que no necesitan anunciarse porque sus propios comensales hacen el trabajo.
