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Hay un Coachella que los noticieros americanos apenas cubren, pero que en México y América Latina lo seguimos con el corazón en la garganta. Es el de los nuestros. El del artista que lleva años soñando con ese cartel y que finalmente ahí está, con nombre y todo, entre los mismos gigantes que escuchaba de chico.
Este año, ese Coachella tuvo cara, nombre y acento.
Junior H, el cantautor originario de Guanajuato cuyo nombre real es Antonio Herrera Pérez, ofreció un concierto en el que rindió homenaje a los migrantes y a la cultura mexicana, y vivió un momento muy emotivo al agradecer a sus seguidores por hacerlo realidad. Y entonces llegó la sorpresa que detonó las redes: invitó a subir al escenario a Tito Doble P y a Peso Pluma. Las redes sociales se inundaron de videos que se volvieron tendencia de inmediato.
Otros actos latinos que se presentaron incluyeron a Rawayana, Arca, The Marías, Ca7riel y Paco Amoroso, El Malilla, Iván Cornejo, Gustavo Dudamel con la Filarmónica de Los Ángeles, y Alok.Una presencia latina robusta que refleja cómo el festival ha ido abriendo sus puertas, poco a poco, a los géneros que mueven a esta parte del continente.
Pero el festival también tuvo sus momentos surrealistas que solo Coachella puede producir. Benson Boone, el joven ganador del Grammy al Mejor Artista Nuevo, cantó “Bohemian Rhapsody” junto a Brian May de Queen, con el guitarrista legendario ahí mismo, en el desierto, tocando en vivo. El show de Yo Gabba Gabba —sí, los monstruos del programa infantil— contó con la participación de Flavor Flav, Thundercat, Weird Al Yankovic, Portugal. The Man y hasta el búho del Duolingo como invitado especial.
Eso es Coachella. Un lugar donde lo predecible no existe, donde lo absurdo convive con lo sublime, y donde cada año pasa algo que no olvidamos en mucho tiempo. La edición 2025 ya tiene su lugar en la historia del festival. Y el año que viene, nos vemos de vuelta en el desierto.
