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Justin Bieber se subió al escenario principal de Coachella 2026 el sábado por la noche con la expectativa más grande de la temporada —y no sin razón: se convirtió en el artista mejor pagado en la historia del festival al cobrar 10 millones de dólares por su actuación.  El regreso fue igual de polémico que esperado. El show, que incluyó apariciones especiales de The Kid Laroi, Dijon, Wizkid y Mk.gee, fue descrito como una mezcla irregular que no terminó de convencer a la crítica.  Durante gran parte de la noche, Bieber interactuó con el público desde una laptop en el escenario, cantando en vivo mientras reproducía sus propios videos de YouTube de hace casi veinte años,  un recurso que dividió al público entre la nostalgia y la decepción. La conversación en redes no tardó en encenderse: la comparación con Sabrina Carpenter —quien cobró 5 millones y desplegó seis cambios de escenario, quince de vestuario y cientos de elementos de producción— se convirtió en el debate del fin de semana.

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