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No todos los headliners de Coachella 2025 salieron del desierto con la misma reputación con la que entraron. Mientras Lady Gaga se coronaba como la actuación indiscutible de la edición, los otros tres grandes nombres del festival tuvieron noches más complejas, más debatidas, más humanas.
Green Day fue probablemente la sorpresa positiva del fin de semana. Durante la apertura de “American Idiot”, el líder Billie Joe Armstrong cambió la letra de la canción para cantar “I’m not a part of a MAGA agenda”, un momento que generó enorme reacción en las redes. Armstrong llegó al festival con una actitud de rock and roll genuina, sin pretensiones, y el público lo agradeció. Además, durante el set de The Go-Go’s el viernes, Armstrong también subió al escenario para interpretar “Head Over Heels” junto a la legendaria banda, sumando un momento que nadie esperaba.
Post Malone, por su parte, llegó con una propuesta que no a todos convenció. En un escenario que simulaba una carretera, presentó un set cargado de country, mezclado con sus éxitos más populares como “Rockstar” y “Better Now”, y en uno de los momentos más emotivos subió a una plataforma suspendida para cantar “Congratulations”. Sin embargo, muchos fans se mostraron decepcionados con el giro country total de su sonido, que incluyó versiones en ese estilo de sus clásicos del hip-hop y el R&B. En el segundo fin de semana mejoró su set con la aparición de Jelly Roll y Ed Sheeran como invitados especiales.
El caso de Travis Scott fue el más ruidoso. A pesar de la expectativa generada por su supuesto “takeover del desierto” de 12 millones de dólares, sus sets enfrentaron problemas técnicos, desde una banda en desafine hasta un DJ que fue despedido en medio del show del segundo fin de semana —al que Scott señaló directamente desde el micrófono—. La energía del público en ambas noches fue notablemente más baja de lo habitual para un artista de su magnitud.
En Coachella, como en la vida, no todo sale según el plan. Y eso también es parte del encanto.
