Boleto del metro / metrovirtual.cdmx.gob.mx/

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Dirían los clásicos: si nunca usaste un boleto del Metro como separador de libro, para apuntar un teléfono o una dirección, o hasta como herramienta para sacar algo atorado en una rendija, quizá te falta barrio… o simplemente no viviste una buena época del Metro.

Porque hubo un tiempo en que llevar boletos de reserva en la cartera, guardar los que sobraban o pedirle uno regalado a otro pasajero para completar el viaje era parte de la vida cotidiana en el transporte de la Ciudad de México.

Antes de las tarjetas y de los medios electrónicos de acceso, aquel pequeño boleto de cartón no sólo servía para entrar al Metro. También terminaba convertido en cualquier cosa menos en basura.

Abono del metro
Abono del metro

Un pequeño boleto con mucha historia

Y esos pequeños rectángulos de cartón tienen también su propia historia.

El boleto magnético acompañó al Metro desde su inauguración, en septiembre de 1969, hasta el proceso de sustitución por la Tarjeta de Movilidad Integrada. Casi 55 años de viajes quedaron impresos en esos pequeños cartoncillos.

Durante los primeros años, entre 1969 y 1986, el Sistema de Transporte Colectivo vendía planillas de cinco boletos. Eran de un color distinto al boleto unitario para diferenciarlos.

Después llegaron otras formas de pago. Entre 1986 y 1995 existió el llamado Abono de transporte, un boleto especial que permitía utilizar el servicio cuantas veces fuera necesario durante su vigencia. Más adelante volvieron las planillas, ahora con 25 boletos.

Pero el boleto también se convirtió en una pequeña pieza de la historia de la Ciudad.

Los hubo rosas, blancos, amarillos, negros y verdes. Algunos recordaron aniversarios del Metro; otros fueron dedicados a instituciones, personajes y acontecimientos. Incluso hubo emisiones relacionadas con los aniversarios de distintas líneas.

Uno de los primeros diseños conmemorativos estuvo dedicado a Benito Juárez. La emisión de 1972, por el “Año de Juárez”, incluyó boletos en color naranja y a dos tintas.

Cinco mil pequeños recuerdos

El boleto desapareció poco a poco de los torniquetes, pero no de la memoria.

El Museo del Metro conserva un acervo de aproximadamente 5 mil ejemplares, entre boletos unitarios, abonos y algunas de las primeras tarjetas de plástico que antecedieron a la actual Tarjeta de Movilidad Integrada.

En 2023, el propio Metro reportaba una colección de 4 mil 300 boletos en el museo de Mixcoac, con ejemplares utilizados durante los primeros años, ediciones especiales y tirajes conmemorativos.

Y así, aquello que durante décadas fue un objeto de uso cotidiano terminó convertido en pieza de colección.

El último boleto magnético salió a la venta en enero de 2024. El tiraje final fue de 14 millones de unidades, con diseños inspirados en los primeros boletos emitidos tras la inauguración del Metro.

En abril de ese mismo año terminó su utilización en las Líneas 2 y 3, con lo que el Metro concluyó el proceso para utilizar la Tarjeta de Movilidad Integrada como medio de acceso en toda la red.

Hoy ya no necesitamos guardar un boleto en la cartera para entrar al Metro.

Pero quizá todavía haya alguno entre las páginas de un libro, dentro de una vieja libreta, en una caja de recuerdos o perdido en algún cajón.

Un pedacito de cartón que alguna vez sirvió para viajar por la ciudad.

Y que, sin que nadie lo planeara, terminó viajando también por nuestra memoria.

Metro: la historia que llevamos bajo los pies.

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