19 de septiembre

19 de septiembre

Ciudad de México.— A las 7:19 de la mañana, la Ciudad de México volvió a guardar silencio.

Como cada 19 de septiembre, la memoria regresó a los edificios derrumbados, a las calles cubiertas de polvo, a las cadenas humanas y a quienes buscaron sobrevivientes entre los escombros de 1985 y 2017.

Pero esta vez, además del homenaje, hubo un reclamo que atravesó prácticamente todos los discursos: la reconstrucción todavía no termina y las familias que siguen esperando necesitan regresar a casa.

En la ceremonia conmemorativa por los sismos del 19 de septiembre, damnificados de ambos terremotos, integrantes de organizaciones sociales, rescatistas y funcionarios se encontraron frente a frente con una ciudad que aprendió a organizarse desde la tragedia.

Entre los asistentes estuvieron Super Barrio Gómez, luchador social; Gloria Juangiego, fundadora del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre; representantes de Damnificados Unidos de Benito Juárez, Cuauhtémoc, Coyoacán y otras alcaldías; el Movimiento de Familias Damnificadas 19S y el colectivo 19S17 por una Reconstrucción Digna.

También participaron integrantes de los cuerpos de emergencia, Protección Civil, Bomberos, Cruz Roja y personal de la Comisión para la Reconstrucción.

Nueve años después, todavía hay familias esperando

El mensaje más concreto vino de quienes llevan nueve años siguiendo el proceso de reconstrucción.

Héctor de la Cueva, del Movimiento de Familias Damnificadas 19S, recordó que después del terremoto de 2017 los damnificados tuvieron que organizarse para defender su derecho a recuperar sus viviendas.

Reconoció los avances alcanzados, pero advirtió que todavía hay edificios pendientes y que recuperar físicamente una vivienda no siempre significa haber recuperado por completo el patrimonio.

Contó incluso que apenas un día antes de la ceremonia había recibido nuevamente su edificio, después de nueve años.

La exigencia, dijo, es que el último tramo de la reconstrucción se complete sin bajar la guardia.

Mónica Romero, de Damnificados Unidos de Benito Juárez, Cuauhtémoc, Coyoacán y otras alcaldías, puso rostro a esa espera.

Recordó que detrás de cada inmueble pendiente hay familias que continúan pagando renta, que cambiaron sus planes de vida y que todavía esperan recuperar el lugar donde construyeron buena parte de su historia.

El colectivo señaló que originalmente se había planteado concluir la reconstrucción a más tardar en julio de 2026, meta que no se alcanzó, y mencionó como nuevo horizonte septiembre de 2027.

Pero también propuso mirar más allá de la reconstrucción: aprovechar la experiencia acumulada durante estos nueve años para crear un programa permanente de prevención y atención de emergencias, con participación de ciudadanía, autoridades, especialistas, instituciones educativas y sectores social y privado.

Las costureras, una memoria que sigue viva

La voz de Gloria Juangiego llevó la ceremonia hasta 1985.

La fundadora del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre recordó a las trabajadoras que quedaron bajo los escombros de los talleres textiles y la lucha que siguió después para rescatar cuerpos, conseguir indemnizaciones y mejorar las condiciones laborales.

Más de cuatro décadas después, afirmó que las costureras siguen organizadas y que su lucha no quiere quedar enterrada en la memoria del terremoto.

También pidió preservar y dar vida al espacio dedicado a las costureras, convertido en símbolo de aquella tragedia y de la organización que surgió después.

Su mensaje tuvo una idea central: la solidaridad que nació entre los escombros no debería desaparecer cuando desaparece la emergencia.

“El pueblo salvó al pueblo”

Super Barrio Gómez llevó la conmemoración hacia otra lectura del 19S.

Recordó a los ciudadanos anónimos que participaron en los rescates de 1985 y contó la historia de un vecino conocido como “El Güero Leway”, quien acudió a rescatar personas tras el derrumbe del edificio Nuevo León y posteriormente murió durante las labores posteriores al sismo.

Para el histórico luchador social, el 19 de septiembre también debe servir para revisar lo que falta por hacer en la ciudad y fortalecer la participación de los habitantes en las decisiones públicas.

Planteó incluso la necesidad de una transformación urbana profunda, con mayor participación vecinal en el desarrollo, el espacio público, la vivienda y la prevención.

Más de 20 mil viviendas entregadas

Al cerrar la ceremonia, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, colocó el proceso de reconstrucción dentro de la memoria social que dejaron los terremotos.

Recordó especialmente a las costureras de 1985 y a los movimientos urbanos que surgieron después de aquella tragedia.

Brugada sostuvo que la reconstrucción tras el sismo de 2017 registra actualmente más de 97 por ciento de avance, con 20 mil 556 viviendas entregadas.

Señaló que las viviendas que permanecen en proceso de construcción tienen un avance superior al 60 por ciento y que la inversión pública destinada a la reconstrucción será superior a 15 mil 500 millones de pesos.

La jefa de Gobierno aseguró que el proceso no estará terminado hasta que la última familia damnificada regrese a casa.

Ese compromiso fue también el punto de encuentro entre las autoridades y los colectivos: reconocer lo avanzado, pero mantener la presión sobre lo que todavía falta.

Del recuerdo a la prevención

La ceremonia comenzó con un minuto de silencio y terminó con una idea repetida desde distintos lugares: recordar no basta.

Los sismos de 1985 y 2017 dejaron miles de víctimas, familias desplazadas y una ciudad obligada a modificar sus protocolos de emergencia.

Hoy, la Ciudad de México cuenta con un esquema de respuesta sísmica que involucra a distintas dependencias y miles de funcionarios, además de cuerpos especializados de rescate y protección civil.

Pero la experiencia de los damnificados plantea otra pregunta: ¿qué debe hacer la ciudad antes de que vuelva a temblar?

A nueve años del 19S de 2017 y 41 del terremoto de 1985, la respuesta que surgió de la ceremonia fue clara: terminar la reconstrucción, conservar la memoria y convertir la solidaridad que aparece durante la emergencia en una cultura permanente de prevención.

Porque en esta ciudad los terremotos han dejado una enseñanza que se repite desde hace cuatro décadas: cuando la tierra se mueve, la ciudad necesita edificios seguros, protocolos eficaces y cuerpos de emergencia preparados; pero también necesita algo que no aparece en ningún plano: una sociedad organizada para cuidarse entre sí.

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