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La fiesta del fútbol está comprometida por problemas regionales, ambición desmedida,tensiones políticas y económicas;gentrificación del deporte y marginación del idioma español en conferencias de prensa.
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Tensa fiesta en América del Norte
Empezó la fiesta del fútbol en América del Norte en medio de tensiones extradeportivas que impactan en el ambiente. Las posturas del presidente estadounidense Donald Trump en torno al tratado económico de la región, su política antimigrante y su postura hacia Irán y Medio Oriente dejan la situación con las alertas encendidas.
A los desencuentros regionales se suman los problemas internos de cada una de las tres naciones y la afición alejada del fútbol por la gentrificación que elevó los precios en los estadios y que, ahora, hay que pagar por ver las transmisiones.
Encima, se margino al idioma español en las conferencias de prensa, a pesar de ser el idioma oficial de México, uno de los equipos anfitriones.
En México, el entusiasmo que históricamente acompañó a los mundiales celebrados en territorio nacional se pierde entre boletos inaccesibles, restricciones de acceso, molestias urbanas y una creciente percepción de exclusión.
De tal manera que, México llega con más dudas que entusiasmo ciudadano; EU enfrenta la politización del torneo y Canadá busca proyectar una identidad propia.
Así, existe una desconexión entre la narrativa oficial y la experiencia real de la población, la cual se tuvo que refugiar en el Zócalo y otras plazas en las que vieron en pantallas gigantes las transmisiones.
Académicos advierten que los beneficios económicos podrían concentrarse en FIFA y grandes corporaciones, mientras los costos recaen en gobiernos y ciudadanía.
Mientras que el ambiente en los tres países anfitriones dista mucho de la narrativa de unidad y celebración que suele acompañar a los grandes eventos deportivos.
Representantes académicos de México, Estados Unidos (EU) y Canadá coincidieron en que el torneo llega en medio de tensiones políticas, económicas y sociales que podrían marcar la experiencia mundialista.
Durante la mesa “¿Vamos o no vamos alMundial 2026?” realizada en la Universidad Iberoamericana (IBERO), señalaron que el Mundial no sólo debe analizarse desde el espectáculo deportivo, sino como un fenómeno económico, urbano y político que refleja las realidades de cada país sede.
Sergio Varela, de la UNAM, opinó que, en el caso de México, aunque históricamente los mundiales de 1970 y 1986 se convirtieron en auténticas celebraciones nacionales, hasta ahora el torneo de 2026 no genera el mismo entusiasmo popular.
En tanto, en Estados Unidos, Stephen Andon, de Montclair State University, señaló que la Copa del Mundo se desarrollará en un contexto marcado por el regreso de Donald Trump a la presidencia, las tensiones migratorias y una profunda polarización social.
Y, Matthew Hawkins, de Carleton University, indicó que el Mundial coincide con un momento de fortalecimiento de la identidad nacional canadiense y con el crecimiento deportivo de su selección. Sin embargo, señaló que el país vive debates relacionados con vivienda, desigualdad y exclusión social.
Textualmente hay que decirlo: La fiesta del fútbol quedó comprometida por los problemas regionales, derivados de la ambición desmedida de Donald Trump y FIFA, que llevaron a las tensiones políticas y económicas, así como la gentrificación del deporte, que dejó lejos del acceso a los aficionados regulares a los estadios. Ahora fue de quien estuvo en posibilidades de pagar.
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