Influencers: mucha confianza, poca verificación
Sepa La Bola
Claudia Bolaños
Un estudio reciente de la UNESCO pone sobre la mesa un problema que ya es evidente: los influencers tienen la atención y la confianza del público, pero no siempre la responsabilidad de verificar lo que comparten.
Hoy, millones de personas se informan a través de redes sociales. Ven videos, historias o publicaciones y las toman como ciertas solo porque vienen de alguien a quien siguen. El problema es que, según este estudio, muchos influencers no revisan la información antes de difundirla. Es decir, comparten datos sin confirmar si son verdaderos.
Esto no es un detalle menor. Cuando alguien con miles o millones de seguidores publica algo incorrecto, el error se multiplica rápidamente. La información falsa no solo circula, sino que se instala en la conversación pública.
A diferencia del periodismo, donde existen reglas claras como verificar fuentes o contrastar versiones, en el mundo de los influencers esas prácticas no siempre están presentes. Muchas veces se prioriza la rapidez, el impacto o los “likes” por encima de la verdad.
Algunos dirán que los influencers no son periodistas. Es cierto, pero cuando informan, influyen. Y cuando influyen, tienen una responsabilidad.
No se trata de exigirles un título profesional, sino de pedir algo básico: revisar lo que publican.
Lo más preocupante es la combinación de alta confianza con baja verificación. La gente cree en ellos, pero ellos no siempre confirman lo que dicen. Ese es el verdadero riesgo.
Si los influencers quieren mantener la credibilidad que tienen, necesitan dar un paso adelante. Informar no es solo hablar frente a una cámara; también implica hacerse responsable de lo que se dice.
Y Sepa La Bola… pero la elección de 2027 ya está en marcha, aunque oficialmente no haya iniciado.
La renuncia de Citlalli Hernández y de la senadora Andrea Chávez no son hechos aislados, sino una señal clara de que el tablero político comenzó a moverse.
La presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente: quien aspire, que deje el cargo. Y el mensaje no es solo ético, es estratégico.
En 2027 no se juega cualquier cosa. Se renovarán 500 diputados federales, 17 gubernaturas y miles de cargos locales.
Es, en los hechos, una elección de control territorial total. Morena llega con una ventaja amplia: una supermayoría legislativa que le ha permitido aprobar reformas constitucionales sin contrapesos.
Pero justamente ahí está el riesgo. Porque esta elección será un referéndum: continuidad o desgaste.
Mientras Morena opera con estructura, y figuras adelantadas como “coordinadores”, la oposición sigue atrapada en su dilema histórico: dividirse o sobrevivir juntos.
PAN, PRI y Movimiento Ciudadano aún no resuelven si competirán en bloque o cada quien por su lado, y eso podría costarles estados clave.
Pero hay algo más preocupante: la normalización de campañas anticipadas.
Hoy ya nadie se esconde. Funcionarios en funciones, operadores territoriales y aspirantes recorren estados como si ya estuvieran en campaña, mientras la autoridad electoral observa sin capacidad real de sanción.
La elección de 2027 no será solo de votos, será de control político. Y si algo queda claro desde ahora, es que el proceso ya empezó… y el que se duerma, pierde.
Y Sepa La Bola… pero la Fiscalía de la CDMX debe poner atención en posibles hechos fraudulentos, donde algunas mujeres simulan ser víctimas para aprovechar el movimiento feminista con fines de extorsión o para acusar falsamente a personas. Se trata de casos que, de comprobarse, podrían involucrar redes delictivas dedicadas a la extorsión o el fraude.
