Screenshot
Hay lugares donde correr no se siente como obligación, sino como escape. Eso pasa cuando entras al Bosque de Tlalpan.
Desde que llegas, el ambiente cambia. No es el típico parque plano donde todo es predecible. Aquí hay caminos irregulares, subidas, bajadas, tierra suelta, árboles que te rodean por completo.
Empiezas caminando, reconociendo el terreno. El aire se siente distinto, más fresco, más limpio. El ruido de la ciudad queda lejos, aunque sabes que sigue ahí.
Das los primeros pasos corriendo.
Al inicio te cuesta más de lo normal. El terreno no es fácil, las pendientes exigen más de lo que esperabas. Pero poco a poco tu cuerpo se adapta. Encuentras tu ritmo.
Y entonces pasa algo.
Dejas de pensar en el ejercicio. Ya no estás contando pasos ni tiempo. Solo estás avanzando. Respirando. Siguiendo el camino.
Hay momentos donde te cruzas con otras personas, pero cada quien va en lo suyo. No hay interacción, pero sí una especie de respeto compartido por el espacio.
Sigues subiendo, luego bajando. Te cansas, reduces el ritmo, vuelves a intentar.
Y en algún punto te das cuenta de que no estás ahí solo para moverte… estás ahí para desconectarte.
📍 Dirección: Camino a Santa Teresa s/n, Tlalpan
🚇 Metro cercano: Estación Universidad + transporte
Un lugar donde el esfuerzo físico se convierte en pausa mental.
