Si esta mañana intentaste moverte en @MetroCDMX y llegaste tarde al trabajo, no fue tu imaginación. Al menos ocho líneas del Sistema de Transporte Colectivo (STC) amanecieron con retrasos, y la versión oficial no cuadró con lo que vivieron miles de usuarios en los andenes.
El Metro informó “alta afluencia” en las líneas 1, 2, 3, 7, 8, 9, 12 y A, y aseguró que los trenes circulaban de forma constante. Sin embargo, quienes esperaban en las estaciones contaron una historia muy distinta.
Pantitlán, un cuello de botella de ida y vuelta
En la Línea 9, la situación se complicó desde la entrada. Las maniobras de dosificación —ese sistema donde el personal del Metro regula cuánta gente entra a la estación— generaron filas largas afuera de Pantitlán, uno de los nodos de transbordo más concurridos de toda la red.
Diez minutos esperando… y el tren llegó lleno
En la Línea A, los usuarios reportaron tiempos de espera de al menos 10 minutos en el andén. Y cuando por fin llegó el tren, venía repleto. Para muchos, eso significó quedarse a esperar otro convoy igual de saturado.
La Línea 12 vivió algo parecido. Un usuario reportó haber esperado más de 20 minutos en la estación Tláhuac sin que el tren avanzara. Veinte minutos parado, sin información clara de qué estaba pasando.
Las líneas 2 y B, a paso de tortuga
Además de todo lo anterior, se reportó servicio sumamente lento en la Línea 2 y en la Línea B, aunque sin interrupciones totales confirmadas.
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Lo de hoy no es un caso aislado. La tensión entre lo que dice el STC y lo que viven los usuarios en el día a día es una constante que se repite semana tras semana. Mientras la autoridad habla de “circulación constante”, en los andenes la gente espera, se aprieta y llega tarde.
El Metro mueve a más de cuatro millones de personas al día. Con esa responsabilidad, la comunicación transparente no debería ser opcional.
