Screenshot
Dentro del Bosque de Chapultepec, escondido entre senderos y árboles, hay un restaurante que parece existir en otra dimensión temporal. Se llama Salazar, y llegar hasta ahí se siente un poco como descubrir algo que no estaba en el mapa.
El espacio fue pensado para vivir con su entorno, no contra él. Ventanales abiertos al verde, mesas rodeadas de vegetación y una terraza donde el ruido dominante es el viento, no el tráfico. Desde que uno se sienta, algo cambia.
Muchos llegan después de caminar por el bosque o andar en bicicleta, buscando una pausa. Y la cocina acompaña esa lógica: propuesta mexicana contemporánea, ingredientes de temporada, platos pensados para disfrutarse sin apuro. Hay desayunos con café y pan recién horneado, brunchs que se alargan los fines de semana y comidas que terminan cuando la tarde ya cayó entre los árboles.
Algunos van por el menú, otros por el lugar. Pero casi todos coinciden en lo mismo: Salazar logra que, por un rato, uno olvide que está en una de las ciudades más grandes del planeta.
Paseo de la Reforma s/n, Segunda Sección del Bosque de Chapultepec | @salazar.rest
