Domingo tradicionalmente familiar
Entre edificios nuevos y cafés modernos, en la colonia San Pedro de los Pinos, sobrevive un restaurante que parece resistirse al tiempo. Casa Lulú, a unas cuadras del Metro Patriotismo, guarda el espíritu de los domingos familiares de antes.
El lugar huele a guisado recién hecho. En el comedor, las mesas tienen manteles de cuadros y fotos antiguas enmarcadas. Lo atienden tres hermanas que aprendieron las recetas de su madre, y cada plato —mole, arroz rojo, sopa de fideo— sale con esa sazón que solo da la memoria.
“Nosotras no usamos recetas, cocinamos con lo que recordamos”, dice Lulú, la mayor, mientras sirve un plato humeante.
Los clientes no son solo comensales: son vecinos, amigos, familias que han visto crecer el barrio.
Al final de cada comida, llega un postre de cortesía y una sonrisa. Nadie se va sin sentirse en casa.
Casa Lulú no busca volverse viral: su magia está en mantenerse igual, en una ciudad que olvida rápido.
