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En una ciudad rodeada de montañas, comer mariscos frescos de verdad sigue siendo una pequeña hazaña. Por eso llama la atención que en una calle de la Roma Norte haya un lugar que huele, suena y se siente más a puerto que a colonia capitalina. Se llama La Docena, y desde que abrió no ha parado de llenarse.
El concepto nació en Guadalajara con una premisa sin complicaciones: mariscos de calidad, ambiente sin protocolo, y prioridad absoluta a comer bien y pasarla mejor. Cuando llegó a Ciudad de México, no perdió ese ADN. La barra abierta, la cocina en movimiento constante y las mesas repletas de gente brindando generan una energía que se contagia desde la entrada.
La gente viene por los ostiones, por el pulpo a las brasas, por las tostadas de mariscos que casi siempre aterrizan en la mesa junto a una cerveza fría o una copa de vino blanco. Los platos no necesitan artificios: el sabor del mar hace el trabajo solo.
Pero lo que distingue a La Docena no es solo la cocina. Es el ambiente. Hay conversación en cada mesa, platos que van y vienen, y una sensación permanente de celebración. De esos lugares a los que llegas a comer y terminas quedándote mucho más de lo planeado.
Av. Álvaro Obregón 31, Roma Norte | @ladocenaoysterbar
