La ciudad guarda lo que sentimos, no solo lo que pasó

No recordamos las ciudades como mapas ordenados, sino como lugares donde algo nos pasó por dentro. Hay esquinas donde esperaste una llamada importante, bancos donde terminó algo, calles donde empezó otra cosa sin que te dieras cuenta. La ciudad funciona como un archivo gigante de emociones, donde cada rincón guarda pedazos tuyos.

Un café, una estación del metro, un parque—no son solo eso. Se llenan de peso porque volviste mil veces. Y a veces regresas aunque ya no tengas motivo, como si ir ahí fuera una forma de reencontrarte con quién eras en ese momento. La ciudad no solo se camina: se recuerda con el cuerpo.

Por eso lo urbano no es puro cemento. Es memoria viva. Hay lugares que te incomodan sin razón clara, y otros que te calman aunque no sepas bien por qué. La ciudad se te queda pegada como un álbum desordenado de momentos. Entender eso cambia todo: el espacio público no es decorado—es contenido emocional puro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *