Apoteosis

Apoteosis

CIUDAD DE MÉXICO.— El artista plástico mexicano Federico Kampf convirtió los muros de la estación Auditorio del Metro en una experiencia tridimensional con “Apoteosis”, una obra monumental que reúne tres historias visuales en una sola pieza.

La obra fue creada mediante una técnica holográfica desarrollada por el propio artista y está integrada por más de 12 mil piezas, que fueron recortadas, pulidas, pintadas y ensambladas para generar distintas imágenes dependiendo de la posición del espectador.

“Apoteosis” tiene una superficie de 750 metros cuadrados y fue realizada en apenas 34 días, un reto que Kampf describió como uno de los trabajos más exigentes de su trayectoria.

El artista explicó que la obra no puede apreciarse completamente desde un solo punto. El recorrido del espectador es fundamental: al avanzar por las escaleras eléctricas de la estación, las imágenes cambian y aparecen diferentes composiciones y narrativas.

De esta manera, una misma obra presenta tres historias distintas, que el usuario descubre conforme se desplaza por el espacio.

Kampf señaló que su intención fue llevar el arte a un sitio cotidiano y lograr que quienes transitan diariamente por la estación, muchos de ellos concentrados en sus teléfonos celulares o en sus actividades, levanten la mirada.

“Apoteosis” plantea además un encuentro imaginario entre elementos de la tradición occidental y la civilización mexica, con referencias a figuras como Apolo, Dionisio, Quetzalcóatl y Xochipilli.

Para Kampf, el arte no ofrece respuestas definitivas, sino preguntas. Su mural plantea al espectador reflexiones sobre la conciencia, la transformación personal y la misión de vida.

El artista decidió donar la obra al Metro de la Ciudad de México, convencido de que el arte debe ocupar también los espacios públicos y llegar a personas que quizá nunca visitarían una galería.

La obra fue medida para iniciar el proceso de certificación ante Guinness World Records, con la intención de obtener el reconocimiento como el mural holográfico más grande del mundo.

Para Federico Kampf, el mural representa también un legado: una obra que permanecerá en la ciudad aun cuando su creador ya no esté para explicarla, y que cada día será reinterpretada por miles de personas en movimiento.

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