Hubo una época en que una sola frase —“That’s all”— bastaba para silenciar una sala entera. Veinte años después, Miranda Priestly volvió. Y el mundo del cine se detuvo a mirarla.
The Devil Wears Prada 2 se estrenó en salas de Estados Unidos el 1 de mayo de 2026, con el mismo director y guionista de la primera entrega — David Frankel y Aline Brosh McKenna — y con Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci retomando sus personajes originales. La trama regresa a Andy Sachs dos décadas después de su paso por Runway: ahora es una periodista respetada, pero su redacción entera acaba de ser despedida por mensaje de texto durante una gala. Miranda, por su parte, enfrenta su propia crisis cuando un artículo mal verificado la pone en el ojo del huracán.
Los números no dejaron margen a la duda. En su primer fin de semana, la película recaudó 233 millones de dólares en todo el mundo — 77 de ellos solo en Estados Unidos y Canadá —, convirtiéndose en el cuarto mejor estreno del año. Aproximadamente el 76% de los asistentes fueron mujeres, y tres de cada cuatro aseguró que definitivamente recomendaría la película. Las expectativas ya eran altas desde semanas antes: el consumo en streaming de la primera película creció un 428% entre marzo y abril, según Nielsen.
La banda sonora también generó conversación propia: Lady Gaga y Doechii grabaron juntas el tema original “Runway”, lanzado como sencillo en abril y que aparece en la película.
Veinte años después, la secuela demuestra algo que pocas franquicias logran: que algunos personajes no envejecen, simplemente evolucionan. Miranda Priestly no necesitaba regresar. Pero cuando lo hizo, todos volvimos a sentarnos derechos.
