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Entre calles arboladas y fachadas antiguas de la Roma Norte se esconde Clara y Ema, un café pequeño que se volvió un imán para los que buscan luz, calma y estética pura.

El local es blanco, con mesas de madera clara, flores frescas y ventanales enormes que dejan pasar el sol de la mañana. Todo está pensado para que se vea bien en cámara: la barra metálica, la loza artesanal, los cafés servidos en tazas beige, la panadería expuesta con precisión milimétrica.

En una esquina, el olor a croissant recién hecho se mezcla con música francesa suave. Cada rincón parece diseñado para fotografiar.

El público es variado: freelancers, creativos y turistas que llegan atraídos por las fotos en Instagram. Aun así, el ambiente se mantiene tranquilo, casi silencioso.

📍 Tonalá 23, Roma Norte, CDMX.

Imperdible: el latte de lavanda y el pan brioche de vainilla.

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