Chiles en nogada 2026
Había que tener mucha fuerza de voluntad para estar frente a una mesa llena de chiles en nogada y limitarse a mirar.
Ayer, en el Claustro de Sor Juana, comenzó el quinto Festival del Chile en Nogada, una celebración que reúne hasta el 26 de septiembre a restaurantes, fondas, hoteles, mercados y cocineras que mantienen viva una de las tradiciones más esperadas de la temporada.
El lugar se llenó de música y bailes regionales, pero había algo que inevitablemente robaba las miradas: las mesas donde los chiles ya estaban listos para ser fotografiados, grabados y, sobre todo, probados.
Los poblanos, asados, sudados y cuidadosamente limpios, esperaban el relleno. Carne molida acompañada, según la receta, por durazno en almíbar, frutas cristalizadas y otros ingredientes que cada cocinero guarda como secreto.
Y luego estaba la nogada.
Esa mezcla cremosa de nuez que cubre al chile y que algunos incluso perfuman con mezcal. Encima, la granada pone el rojo que completa la bandera comestible: verde del chile, blanco de la nogada y rojo de los granos de granada.
Las recetas cambian, pero la tradición permanece.
Mientras llegaba el momento de la degustación, los visitantes hacían lo propio: fotos, videos y una actividad que podríamos llamar, elegantemente, zopilotear. Había que recorrer las mesas, mirar qué ofrecía cada restaurante y tratar de adivinar cuál sería el primero en caer.
Hasta que el protocolo se rompió.
Los chiles comenzaron a partirse y aparecieron las pequeñas porciones para los asistentes. Entonces sí, la espera terminó y aquel desfile de platillos se convirtió en una verdadera degustación.
Entre los participantes estaba la cocinera de Buen Sazón, restaurante ubicado a unos pasos del Congreso de la Ciudad de México, que ofrece uno de los precios más accesibles para probar este platillo durante la temporada.
También estaban Los Girasoles, de Plaza Tolsá, cuyo chile en nogada dejó claro que el precio no es el único camino para conquistar al comensal.
Había restaurantes conocidos, hoteles, fondas y también historias como la de una mujer que prepara los chiles para llevar en la calle de Moneda. No tiene un gran restaurante detrás: tiene una tradición familiar que comenzó décadas atrás, cuando su padre empezó a preparar este platillo.
Y quizá ahí está precisamente el encanto del chile en nogada.
En una misma mesa pueden encontrarse la cocina de un restaurante reconocido, la receta de una fonda y el trabajo de una cocinera que mantiene el oficio que heredó de su familia.
Más de 60 participantes forman parte de este festival, mientras que estudiantes de Gastronomía de la Universidad del Claustro de Sor Juana prepararon también un recetario digital con más de 50 propuestas, que van del chile tradicional a nieves, aguas y postres elaborados con nogada.
Para acompañar, algunos llevaron tequila; otros, mezcal. Todo estaba dispuesto para el paladar de visitantes, chefs y periodistas especializados en gastronomía.
Entre ellos, el grupo encabezado por Raquel coincidió en algo: valdría la pena convertir esta temporada en una ruta gastronómica y salir durante las próximas semanas a buscar las distintas versiones de este platillo.
Porque si algo quedó claro ayer en el Claustro de Sor Juana es que el chile en nogada no tiene una sola receta.
Tiene muchas.
Y quizá por eso cada septiembre vuelve a provocar lo mismo: primero se mira, después se fotografía, luego se compara… y finalmente se prueba.
