Screenshot

Screenshot

La obra de Alan Blasco llega a una nueva temporada en El Círculo Teatral con una causa social que trasci ende el escenario: visibilizar el rescate animal y apoyar a La Fundación El Amor de Atenas y el Refugio Dejando Huella

• Tras conmover al público en sus temporadas anteriores, Los perros que salvaron mi vida vuelve a El Círculo Teatral con una propuesta más madura, sensible y profundamente vinculada con la defensa de perros en situación vulnerable.

• Escrita y protagonizada por Alan Blasco, la obra combina autobiografía, poesía

desde la mi rada canina y música en vivo para hablar del duelo, la salud mental, el amor incondicional y la posibilidad de sanar a través del vínculo con los animales.

• Esta nueva temporada fortalece su razón social: apoyar y visibilizar a La Fundación El Amor de Atenas y al Refugio Dejando Huella, ubicada en, Toluca, donde actualmente se alberga a más de 50 perros que esperan alimento, cuidados, donati vos y un hogar.

A

Hay obras que regresan porque el público las pide. Otras vuelven porque todavía tienen algo urgente que decir.

 

Los perros que salvaron mi vida, escrita y protagonizada por Alan Blasco, pertenece a ambas categorías.

Tras dejar una profunda huella en espectadores que han encontrado en esta historia un espejo de sus propias heridas, la puesta en escena inicia una nueva temporada en El Círculo Teatral, reafirmando su lugar como una experiEncía íntima, conmovedora y necesaria.

Más que una obra sobre perros, Los perros que salvaron mi vida es una confesión escénica sobre la pérdida, la salud mental, el duelo, la redención y la ternura como forma de resistencia.

La historia es narrada desde la mi rada de RUFO, un perro mestizo inspi rado en Medusa, la perra real de Alan Blasco. Desde esa perspecti va inocente, leal y libre de juicio, el público acompaña a Aarón, alterego del autor, en un viaje emocional donde el dolor no se esconde, pero tampoco se convierte en melodrama.

En esta nueva etapa, la obra regresa con más fuerza y con una madurez escénica construida a partir del encuentro con el público. Su esencia minimalista se mantiene, pero cada función profundiza en la conexión emocional con los espectadores.

La dirección de Estefanía Norato y Abigail Pulido apuesta por una teatralidad honesta, contenida y profundamente humana, donde la palabra, el cuerpo, la música y el silencio construyen una experiEncias de catarsis.

“RUFO es el símbolo de una comprensión sin juicios, que ve el alma tal cual es, más allá de errores o apari encias”, comparte Estefanía Norato.

Por su parte, Abigail Pulido señala: “

Al narrar desde el ángulo del perro, el dolor de Aarón se baña de compasión absoluta: solo estar, sin consecuencias ni condenas, como solo los animales saben hacerlo. Eso equilibra y eleva toda la puesta en escena”.

La música original de Ana Tiaré funciona como un personaje más dentro de la puesta en escena. Sus melodías acompañan la alegría ingenua, el lamento sutil y los momentos de introspección sin sobrecargar la emoción. A ello se suma la escenografía minimalista de Edgar Mora, que transforma lo simple en un espacio simbólico donde la memoria, la ausencia y el amor encuentran una forma sensible de hacerse presentes.Para Alan Blasco, autor y protagonista, esta obra nació como un acto de amor, pero también como un proceso de reparación personal.

“Esta obra nació para exorcizar mis demonios y honrar a Medusa. La primera temporada fue cruda y luminosa a la vez; ahora, en esta nueva etapa, habito un espacio aún más poético y apacible. Es una oda al amor incondicional, contada con inocencia, donde el lenguaje se vuelve más suave pero igual de poderoso.

 

Invita a cuestionar prejuicios, miedos y a redescubrir la capacidad de amar y perdonar”.

Sin embargo, esta temporada también marca un impulso mayor: convertir el teatro en un acto de responsabilidad social. En palabras del propio Alan Blasco: “Esta vez tomo el teatro con una razón social poderosa y profunda: darle voz a los que no tiene voz”.

Desde su primera temporada, Los perros que salvaron mi vida ha estado vinculada con La Fundación El Amor de Atenas y el Refugio Dejando Huella, un proyecto de rescate animal relacionado con un refugio enfocado en perros y gatos.

Ubicada en Calimaya, Toluca, la fundación alberga actualmente a más de 50 animales que necesitan alimento, atención, cuidados, donaciones en especie, apoyo económico y, sobre todo, familias responsables que les brinden una nueva oportunidad de vida.

A través de la obra, Blasco ha convertido el escenario en un escaparate de visibilización para fomentar donaciones, difundiR a los animales que buscan hogar y convocar a colegas, maestros, artistas y personas del medio que se han sumado generosamente a esta causa.

Así, la puesta en escena trasciende la función teatral para convertirse en una plataforma sensible de conciencia y acción.

La historia de RUFO no termina cuando cae el telón. Su presencia se expande hacia todos aquellos perros que esperan ser vistos, cuidados y elegidos. Como señala Alan Blasco, quizá al conectar con la pieza, el público también pueda conectar con otros animales que necesitan ese mismo espacio que recibió Rufo dentro de la obra: un amo, un amor y un hogar.

Con una duración de 85 minutos sin intermedio, Los perros que salvaron mi vidainvita a mirar las heridas propias desde un lugar más compasivo.

 

No pretende ofrecer respuestas fáciles, sino abriR preguntas profundamente humanas: ¿quién nos acompaña cuando sentimos que no podemos más?, ¿qué formas inesperadas puede tomar el amor?, ¿cómo se reconstruye una persona después del dolor?, ¿puede un animal enseñarnos a perdonar sin exigir nada a cambio?

Los perros que salvaron mi vida se presenta los martes a partiR del 23 de junio a las 20:30 h en El Círculo Teatral. Los boletos tienen un costo de $500 general, con 30% de descuento para estudiantes, maestros e INAPAM. También habrá precio especial de preventa a través de

losperrosquesalvaronmi vida.boletopolis.com.

Más que una función teatral, esta nueva temporada propone un encuentro entre arte, memoria y causa social. Los perros que salvaron mi vida recuerda que el amor animal puede ser una forma de rescate, pero también una responsabilidad compartida. Porque cuando el teatro logra conmover, también puede movilizar; y cuando una historia como la de Rufo toca el corazón del público, puede abrir camino para que otros perros encuentren aquello que todo ser vivo merece:

cuidado, refugio, amor y hogar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *