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Este sábado 21 de febrero, a las 11:45 de la mañana, se apagó la voz y el trombón de Willie Colón. El legendario músico neoyorquino de ascendencia puertorriqueña falleció a los 75 años, dejando una huella imborrable en la historia de la música latina.
Días de incertidumbre y el último adiós
La confirmación de su partida llega tras dos días de fuertes rumores sobre su estado de salud. Durante ese tiempo, la familia mantuvo un estricto silencio mientras el cantante se encontraba hospitalizado, enfrentando complicaciones pulmonares que lo llevaron hasta la sala de terapia intensiva.
Finalmente, a través de un comunicado difundido en sus redes sociales, sus seres queridos compartieron la triste noticia con un mensaje lleno de gratitud:
“Partió en paz esta mañana, rodeado de su querida familia”.
En el mismo escrito, la familia agradeció las oraciones del público, solicitó privacidad para atravesar este difícil momento de duelo y pidió a sus millones de seguidores enfocarse en algo luminoso: celebrar el regalo eterno de su música.
El legado del “cronista de barrio”
Willie Colón se ganó el apodo de “El Malo” tras lanzar su primer álbum a los 16 años, título que llevaría con orgullo a lo largo de su carrera. Su trayectoria artística fue la banda sonora de múltiples generaciones y se cimentó en colaboraciones que cambiaron la historia de la música:
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La dupla con Héctor Lavoe: Bajo el sello de Fania Records, ambos construyeron una de las alianzas más emblemáticas y exitosas de la salsa.
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La revolución junto a Rubén Blades: Su trabajo conjunto le dio un giro social y político al género. Llevaron a la pista de baile reflexiones profundas sobre la identidad y las crudas realidades latinoamericanas.
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Fania All-Stars: Fue una pieza clave de este proyecto histórico que logró internacionalizar la salsa nacida en las calles de Nueva York, convirtiéndola en un fenómeno a nivel global.
El mundo del espectáculo no solo despide a un trombonista y cantante, sino a un verdadero narrador de historias. Willie Colón fue un cronista que transformó su instrumento en un grito de fiesta, pero también de conciencia. Su ausencia física deja un gran vacío, pero su legado garantiza que su música, verdadera y eterna, jamás morirá.
