El boom del pilates boutique en CDMX: bienestar como estilo de vida, no como obligación

Hubo un tiempo en que el gym era el gym: un espacio funcional, quizás algo ruidoso, donde la idea era sudar y ya. Eso está cambiando. En zonas como Polanco, Condesa y Santa Fe, una nueva generación de estudios boutique de pilates reformer, entrenamiento funcional y wellness integral está redefiniendo lo que significa cuidarse —y la gente está dispuesta a pagar por ello.

¿Quién va a estos estudios?

Según datos de asociaciones del sector, el perfil predominante de los usuarios es bastante consistente:

• Personas de entre 25 y 45 años

• Profesionistas y creativos con agendas apretadas

• Ingreso medio-alto

• Alta valoración por la experiencia personalizada sobre la masiva

Los números hablan

El 62% de los clientes paga membresías de entre $2,800 y $4,200 pesos al mes. Más del 40% asiste tres veces por semana o más. Y las clases rara vez superan las 12 personas, lo que garantiza atención individual y un ambiente muy distinto al de los gimnasios tradicionales.

Algunos espacios que están marcando la pauta

Pilates Flow Reformer (Polanco): Clases con música curada y técnicas de respiración guiada. Una propuesta que convierte el ejercicio en algo parecido a una meditación en movimiento.

Core Vibes Studio (Condesa): Sesiones híbridas que combinan pilates con HIIT suave. Para quienes quieren resultados sin sacrificar la calma.

WellNest Lounge (Santa Fe): Un enfoque integral que no termina con el entrenamiento: meditación y terapias corporales post-sesión completan la experiencia.

Más que fitness

Lo que estos espacios han entendido es algo que los grandes gimnasios todavía no han logrado del todo: el bienestar no es una actividad aislada, sino una forma de organizar el día. Para muchos de sus usuarios, la clase de pilates no compite con el trabajo ni con la vida social; es parte del mismo ecosistema.

Los especialistas coinciden en que este modelo premium ha transformado la manera en que los capitalinos entienden el cuidado personal. Ya no se trata de cumplir con la cuota de ejercicio semanal. Se trata de sentirse bien de forma integral, y de encontrar comunidad en el proceso.

En una ciudad tan exigente como la CDMX, quizás eso no suena a lujo. Suena a necesidad.

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