Donovan Carrillo se despide de Milán con el corazón lleno y su mejor marca personal

Había algo diferente en el aire de la Milano Ice Skating Arena esta tarde. Cuando Donovan Carrillo pisó el hielo por última vez en estos Juegos Olímpicos de Invierno 2026, el público ya estaba de su lado. Y él no los defraudó.

El patinador mexicano de 26 años cerró su participación olímpica con una de las actuaciones más completas de su vida, acumulando 219.06 puntos en total —su mejor marca de la temporada— tras bordar un programa libre que le valió 143.50 puntos. Dos cuádruples, dos triple axel, y una presencia sobre el hielo que hizo que más de uno se pusiera de pie antes de que terminara la música.

Una rutina dedicada a la abuela

Carrillo no eligió cualquier música para este momento. Escogió a Elvis Presley: My Way, Jailhouse Rock, A Little Less Conversation. Una selección que, según él mismo contó, está dedicada a su abuela, en un gesto tan íntimo que convierte una rutina deportiva en algo que se parece mucho a una carta de amor familiar.

Su vestuario, diseñado por Mathieu Caron con el espíritu inconfundible del Rey del Rock, completó una presentación que fue mucho más que técnica. Fue teatro, fue música, fue México sobre el hielo europeo.

Los comentaristas no tardaron en calificarla como “una de las mejores rutinas de su carrera”. No es un halago menor viniendo de quienes han visto patinar a los mejores del mundo.

Más que una marca, un legado

Donovan no se llevó medalla a casa. Pero se lleva algo que quizás dure más: la certeza de haber llegado, por segunda vez consecutiva, a una final olímpica. Algo que ningún patinador mexicano había hecho antes de él.

Su debut fue en Beijing 2022. Ahora Milán. Dos finales, dos capítulos de una historia que todavía no termina y que ya le asegura un lugar entre los deportistas latinoamericanos más importantes del patinaje artístico en tiempos recientes.

Pero más allá de los números y los récords, lo que Carrillo está construyendo es otra cosa: un camino para los niños y jóvenes mexicanos que quizás nunca creyeron que el hielo también podía ser suyo.

Al terminar su programa, Donovan se acercó a las vallas para agradecer el calor del público, besó la pista —ese gesto silencioso que lo dice todo—, y reconoció que esta experiencia olímpica “ha sido muy especial”, tanto dentro como fuera de la pista.

Difícil no creerle.​​​​​​​​​​​​​​​​

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