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📍 Calle Ámsterdam 223, Hipódromo, Cuauhtémoc, CDMX 📍 Instagram: @quiasmo.coffeebar
Hay mañanas en las que uno sale de casa con la vaga esperanza de que el día va a estar bien. Y luego hay lugares que hacen que esa esperanza tenga sentido. Quiasmo Coffee Bar es de esos.
Está en la calle Ámsterdam, esa que da vuelta sobre sí misma en la Hipódromo y que a cierta hora de la mañana todavía se siente tranquila, casi amable. Antes de que el ruido del día se instale por completo, aquí ya hay vida: alguien pidiendo su primer café, dos amigos que se encuentran sin prisa, una pareja compartiendo un cortado y poca conversación, de la buena.
El café es serio, sin ser pretencioso. Un flat white bien hecho, una textura que entra suave, un sabor que no necesita explicarse. La luz se filtra entre los árboles y cae sobre las mesas de una forma que uno no sabe si es casualidad o intención, pero que agradece de todas formas.
No es un lugar para entrar corriendo y salir en dos minutos, aunque puedas hacerlo. Es más bien uno de esos sitios donde te das cuenta de que llegaste diez minutos antes de lo necesario y decides quedarte otros diez más, y que eso estuvo bien.
Para mucha gente en la ciudad, Quiasmo funciona como el arranque del día. No solo en términos de cafeína, sino de estado de ánimo. Un pequeño ritual antes de que todo lo demás empiece.
