La moda más importante del mundo volvió a Milán, y la edición Otoño/Invierno 2026 arrancó con una propuesta clara: los extremos conviven. Minimalismo estructurado frente a maximalismo sin complejos. Seriedad arquitectónica frente a color y extravagancia. Una semana de contrastes que ya está dando de qué hablar.
Prada: la elegancia que intimida
El desfile de Prada fue una declaración de intenciones. Siluetas oversized en tonos grises, cuero tratado con acabados que parecen esculpidos y tejidos técnicos con cortes asimétricos. El montaje fue sobrio y preciso: iluminación blanca limpia y pasarela circular que te obligaba a ver la ropa desde todos los ángulos. Nada de distracciones. La colección tenía que hablar sola, y lo hizo.
Gucci: los 70 de vuelta, pero mejor
Gucci apostó por la nostalgia… con mucho criterio. La colección se inspiró en los años 70 con abrigos largos, gafas XL y estampados geométricos en seda que se sentían lujosos desde las fotos. Pero lo que hizo memorable el show fue la puesta en escena: música en vivo, escenografía retro con alfombra burdeos y una atmósfera que te transportaba a otra época sin perder ni un gramo de modernidad. Gucci sabe cómo crear un universo completo.
Versace: poder, brillo y mucha actitud
Versace no vino a hacer concesiones. La propuesta fue clara desde el primer look: brillo metálico, vestidos ajustados con cortes estratégicos y una mujer poderosa, sofisticada y completamente dueña de sí misma. Si los otros desfiles plantearon preguntas, Versace llegó con respuestas.
Milán en modo fashion
Durante esta semana, más de 150,000 visitantes especializados — compradores, prensa e influencers de todo el mundo — estarán circulando por la ciudad, generando un impacto económico de más de 65 millones de euros. La moda mueve mucho más que tendencias.
