El taco que nunca falta
Entre talleres mecánicos, el olor a gasolina y el sonido metálico del metro que pasa, una taquería mantiene encendida su plancha desde hace más de cuatro décadas.
Se llama Los Hermanos Flores, y está a unos pasos del Metro Refinería, en la zona industrial de Azcapotzalco.
El toldo naranja se ve desde lejos, igual que la fila de obreros y vecinos que llegan cada día por los tacos de pastor o suadero. Don Ernesto, el dueño, aprendió el oficio de su padre, que vendía tacos en el mismo lugar cuando la colonia apenas se construía.
Aquí no hay pantallas ni publicidad. Solo un ritmo constante de cuchillos, tortillas infladas y salsa recién molida.
“Mi papá decía que el secreto está en no apurarse”, cuenta Ernesto, mientras voltea el trompo y espolvorea cebolla sobre un plato.
El lugar se volvió un punto de encuentro silencioso: los trabajadores que comen antes del turno, los estudiantes que pasan después de clases, los curiosos que llegan buscando sabor.
Y aunque la colonia cambió, la taquería sigue ahí, encendida, como una especie de faro gastronómico en medio del concreto.
