La Met Gala 2026 llegó cargada de tensión. Este año, el evento que define la temporada de la moda global enfrenta algo inédito: un boicot activo antes de que nadie suba los escalones del Met.
El detonador es la participación de Jeff Bezos y su esposa Lauren Sánchez como patrocinadores y co-anfitriones del evento, una decisión que desató llamados al boicot por parte de grupos activistas que empapelaron las calles de Manhattan con carteles alusivos. Las críticas apuntan en dos direcciones: las alegaciones de violaciones laborales que históricamente han rodeado a Amazon y los vínculos de Amazon Web Services con tecnologías utilizadas para el rastreo y deportación de migrantes por parte del ICE.
El rechazo tomó forma concreta en las ausencias. Meryl Streep, quien aparece en la portada de Vogue de mayo y protagoniza El diablo viste a la moda 2, habría rechazado un rol como co-anfitriona precisamente por la participación de los Bezos. Zendaya, figura inamovible de la gala durante siete años consecutivos, también se queda fuera esta edición. A ellas se suma Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York, quien rompió la tradición de los alcaldes en el evento argumentando que su prioridad es la asequibilidad de la ciudad.
La tensión tiene un trasfondo económico que no es menor: un boleto individual cuesta 100,000 dólares y una mesa, 350,000, lo que ha reducido el círculo de patrocinadores posibles a un puñado de fortunas del tamaño de la de Bezos.
La moda celebra. El lujo brilla. Pero afuera del Met, alguien está tomando nota.
