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Entre la vida nocturna ruidosa y las fachadas de bares con luces de neón, hay una puerta negra que casi nadie nota.
Detrás de ella está Fónico, un espacio donde el ruido de la ciudad se disuelve y la noche se vuelve elegante sin esfuerzo.
El bar se abre como una cueva contemporánea: luces bajas, muros oscuros, mesas con velas y una barra que parece un escenario.
Aquí, el cóctel es un acto de arte: combinaciones de mezcales con infusiones florales, ginebras con notas de cacao, y vinos naturales que parecen contar historias de campo.
Pero lo que convierte a Fónico en una joya no es sólo su bebida: es la cocina. El chef juega con ingredientes locales en platillos que van del mar a la tierra con precisión.
Tostadas de kampachi, hongos al carbón con mantequilla de ajo, un risotto que se siente como un abrazo al final de la noche.
La música es perfecta, el servicio es pausado, y el ambiente tiene esa magia de lo que se descubre tarde y se cuenta en voz baja.
📍Álvaro Obregón 64, Roma Norte.
