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@balmorirooftop

En la Roma, donde cada esquina tiene su propio ritmo y el aire huele a café y mezcal, hay una escalera que conduce a uno de los secretos mejor guardados del vecindario: Balmori Roofbar.

Subes un par de pisos por un pasillo discreto y de pronto, la ciudad cambia de tono. Arriba, la vida se vuelve más lenta. El ruido de los coches desaparece y el sonido de las copas al brindar se mezcla con música suave, luces cálidas y la brisa que recorre las mesas.

El diseño es lo primero que atrapa: un jardín urbano suspendido, con plantas colgantes, lámparas de filamento y un juego de sombras que al caer la tarde pinta el espacio de dorado. Es imposible no mirar alrededor y notar que aquí todo parece pensado para quedarse más tiempo del planeado.

El menú combina la informalidad con el detalle: cócteles de autor que juegan con infusiones, flores y notas cítricas, acompañados de platillos que viajan del antojo mexicano al toque mediterráneo. Desde tacos de atún hasta sliders con pan artesanal, todo está diseñado para compartir y probar un poco de todo.

Pero el verdadero encanto de Balmori está en su vibra. No es un bar ruidoso ni un restaurante pretencioso: es un punto medio perfecto entre la fiesta y la calma. A veces hay DJs en vivo; otras, el ambiente se reduce a conversaciones largas y miradas cómplices bajo la luz tenue. Es el tipo de lugar donde puedes iniciar la noche… o dejar que te encuentre la madrugada.

📍 Zacatecas 139, Roma Nte., CDMX

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