Los Machetes de Amparito: cuando la comida en la Guerrero se vuelve un reto
Los machetes de Amparito, en Héroes 192, colonia Guerrero
La propuesta parecía sencilla: ir a comer a algún lugar de la colonia Guerrero. Lo difícil comenzó cuando hubo que decidir dónde.
Alguien propuso los tacos del mercado Martínez de la Torre; otros se inclinaron por La Cantinflas y una buena gorda con carnitas. Entonces apareció otra opción: “En ese caso, vamos a las Orejas de Elefanta”. También hubo quien mencionó alguna cantina o una buena pancita.
Hasta que surgió una voz:
—¿Y por qué no a Los Machetes de Amparito?
La propuesta ganó casi de inmediato. Y, como suele suceder cuando se habla de comida, antes de llegar ya se había abierto el apetito. Comenzaron las recomendaciones: huitlacoche, pancita, carne molida, papa… o de plano aventarse un huarache gigante con costilla.
Los que ya habían ido comenzaron a contar sus experiencias. Los que nunca habíamos probado los famosos machetes teníamos otra pregunta: ¿qué tan grandes son?
El nombre ya daba una pista.
Y al llegar a Héroes 192, en la colonia Guerrero, la respuesta apareció frente a nosotros.
En la plancha, los cocineros colocan enormes tortillas de masa, agregan el guisado elegido y comienzan a doblarlas hasta formar el famoso machete de 70 centímetros. Después viene el paso por el aceite, donde poco a poco adquiere ese dorado que termina de abrir el apetito.
Los huaraches tampoco se quedan atrás. Son de gran tamaño y pueden llegar acompañados de un par de costillas jugosas que, mientras se cocinan, van soltando ese inconfundible aroma de carne dorada.
Para acompañar hay agua de horchata, jugos y, para quienes siguen los cánones de la comida chilanga, una buena Coca-Cola.
Eso sí, hay que tomar en cuenta un detalle: el establecimiento trabaja esencialmente con pago en efectivo. En esta ocasión hicieron una excepción y acercaron una terminal para poder pagar con tarjeta.
En cuanto a los precios, un Machete Cubano, con buena parte de sus 13 guisados, ronda los 130 pesos, una cantidad que resulta razonable considerando el tamaño y la cantidad de comida.
Lo que sí nos pareció elevado fueron las bebidas: 40 pesos por una Coca-Cola, 60 por el agua y 80 por el jugo.
Pero el precio no terminó por borrar la experiencia.
Porque más allá de comer una quesadilla gigantesca, visitar Los Machetes de Amparito es sentarse frente a una pequeña función gastronómica: ver cómo la masa se extiende sobre la plancha, cómo aparecen los guisados y cómo, después de varios movimientos, aquella tortilla termina convertida en un machete de 70 centímetros.
Y entonces llega la parte más difícil:
darle baje.
Porque una cosa es pedirlo…
y otra muy distinta es acabárselo.
