EN LA MESA DE LOS MURALISTAS MEXICANOS Autor: Alfredo Sagatori Estación: Insurgentes
Uno entra al Metro con prisa.
Hay que llegar al trabajo, a la escuela, a una cita o de regreso a casa. Por eso casi nunca levantamos la mirada. Caminamos por los pasillos, buscamos el andén, vemos el reloj, revisamos el teléfono y esperamos el tren.
Pero si un día hacemos una pausa, aunque sea de unos segundos, descubrimos algo que siempre estuvo ahí.
El Metro también es un espacio de arte.
En algunas estaciones hay murales que ocupan grandes muros; en otras, vitrinas, esculturas o intervenciones que forman parte del paisaje cotidiano de millones de pasajeros.
Y quizá lo más curioso es que muchos los hemos visto cientos de veces sin detenernos a preguntar quién los hizo o qué están contando.
Coyoacán: una estación con Andrómeda
En la estación Coyoacán, de la Línea 3, el Metro registra el mural “Andrómeda 1 y 2”, de la artista Martha Tanguma, realizado con acrílico y fibra de vidrio.
La obra ocupa 23.9 metros cuadrados y forma parte de los elementos culturales que pueden encontrarse dentro de la estación.
Es decir: mientras unos pasajeros esperan el tren, otros pasan frente a una obra de arte sin necesariamente detenerse a verla.
Y así ocurre en buena parte de la Red.
Copilco: mil metros cuadrados para contar el tiempo
Unos kilómetros más adelante, también sobre la Línea 3, está Copilco.
Ahí se encuentra “El perfil del tiempo”, de Guillermo Ceniceros.
El mural tiene una superficie de aproximadamente mil metros cuadrados, una dimensión difícil de imaginar cuando uno solamente atraviesa la estación para tomar el tren.
Copilco, además, tiene una historia propia detrás de su nombre: el Metro explica que proviene del náhuatl copilli y la terminación locativa co. La zona quedó cubierta por las capas de lava que arrojó el volcán Xitle y que dieron origen a los Pedregales.
Así que en una misma estación se cruzan dos tiempos: el de una ciudad que quedó bajo la lava y el de una ciudad que hoy viaja bajo tierra.
Universidad: cuando el Metro se encuentra con la UNAM
La última estación de la Línea 3 también tiene su propia pieza.
En Universidad se encuentra “La Universidad en el umbral del siglo XXI”, de Arturo García Bustos, una obra de 55 metros cuadrados.
No es casual que la estación tenga una relación tan directa con la Universidad Nacional Autónoma de México. El propio Metro la identifica como una estación emblemática de la UNAM.
Aquí el viaje cotidiano se encuentra con otra parte de la ciudad: la universidad, sus estudiantes, sus profesores, sus historias y la enorme comunidad que durante décadas ha utilizado esta estación como puerta de entrada y salida.
Insurgentes: dos ciudades europeas bajo la ciudad de México
Y si nos movemos a la Línea 1 encontramos otro ejemplo.
En Insurgentes está el mural “El Metro de Londres y el Metro de París”, del artista Rafael Cauduro.
La estación también alberga “El pasajero”, de Marco Zamudio, y “En la mesa de los muralistas mexicanos”, de Alfredo Sagatori.
Es una estación donde el viaje cotidiano se cruza con referencias a otros sistemas de transporte y con distintas formas de representar la ciudad.
Todo eso está ahí.
Todos los días.
Mientras nosotros vamos de prisa.
La próxima vez, levanta la mirada
Tal vez esa sea una de las cosas interesantes del Metro: que no solamente nos lleva de un lugar a otro.
También está lleno de historias, imágenes y obras que forman parte del paisaje de la ciudad.
Algunas las conocemos de memoria.
Otras las hemos visto durante años sin saber siquiera quién las hizo.
Y quizá mañana, cuando estés esperando el tren, valga la pena hacer algo muy sencillo:
levantar la mirada.
Porque puede que esa estación que recorres todos los días tenga mucho más que contar de lo que imaginabas.
Metro: la historia que llevamos bajo los pies.
