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Cada año, cuando llega abril, el desierto de Indio, California, deja de ser un polo club para convertirse en algo que no tiene nombre fácil: parte festival de música, parte museo de arte al aire libre, parte fenómeno cultural de masas que mueve tendencias durante meses. La edición 2025 de Coachella, que se celebró en dos fines de semana —del 11 al 13 y del 18 al 20 de abril—, no solo cumplió con esa promesa sino que, en muchos sentidos, la superó.

Los cuatro nombres que encabezaron el cartel fueron Lady Gaga el viernes, Green Day el sábado, Post Malone el domingo, y Travis Scott en un misterioso slot especial que el propio festival describió como “Travis Scott designs the desert”. Cuatro artistas, cuatro géneros, cuatro mundos distintos que en conjunto pintaron un retrato bastante fiel de lo que es la música popular en este momento: diversa, nostálgica en algunos flancos, completamente contemporánea en otros.

Más de 125 mil personas se reunieron en el Empire Polo Club para vivir una edición donde la música universal fue la verdadera protagonista. Pero Coachella 2025 no fue solo los headliners. Fue también Missy Elliott haciendo historia en el escenario principal un viernes por la noche. Fue Charli XCX convenciendo a medio internet de que ella debería haber sido la headliner del sábado. Fue Junior H, el artista de Guanajuato, emocionándose frente a miles de personas y soltando una frase que le dio la vuelta en redes: “¿Te imaginas cómo se siente un mexicano al estar presente en un Coachella, frente a tanta gente preciosa?”

Fue, en pocas palabras, uno de esos festivales que cuando termina, la gente sigue hablando de él semanas después. Y con razón.

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