Screenshot
En la esquina de Altata y un silencio poco común para Condesa, está Compay, un café que parece hecho para quien busca algo más que solo cafeína. El olor a pan dulce y a café recién molido te recibe antes de que cruces la puerta. Dentro, los tonos son suaves: madera, luz dorada, plantas que trepan desde el suelo y una vitrina con postres que parecen parte de una instalación artística.
Compay tiene una atmósfera casi de refugio. Hay algo en su decoración que recuerda a los cafés europeos pero con alma mexicana, una mezcla de lo clásico y lo artesanal. En la barra, los baristas preparan con calma cada bebida; detrás, un par de clientes trabajan, mientras otros simplemente conversan como si el reloj se hubiera detenido.
Todo aquí tiene un ritmo particular. Las cucharas tintinean despacio, la espuma se acomoda sobre el café y el aire huele a algo familiar. Desde la ventana se ven pasar bicicletas, perros y la vida en cámara lenta. Si miras bien, parece que todo lo que ocurre dentro de Compay es parte de una escena pensada para recordar: íntima, cálida y serena.
📍 Altata 9, Condesa
@compay.mx
