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Entre carpinterías viejas, ruidos de camiones y olor a madera húmeda, Camino a Comala se abre paso como un respiro tibio en la San Rafael.
Desde afuera casi pasa desapercibido: una fachada simple, una puerta de madera clara y el olor a espresso que se escapa hasta la banqueta. Pero cruzar la entrada es como cambiar de ritmo: la ciudad se queda afuera y el tiempo baja la voz.
Adentro todo es cálido y sincero —mesas de madera, luz que entra sin permiso, y una barra donde el café se prepara con la calma que rara vez se ve en la CDMX. Nada sobra, nada estorba. Hay libros usados, gente escribiendo, otros que solo miran por la ventana.
Aquí se viene a estar, no a correr. A veces suena jazz bajito, otras el ruido de la máquina de espresso marca el pulso del lugar. El barista siempre tiene una historia sobre los granos que usa —de Chiapas, Oaxaca o Veracruz— y uno acaba escuchando como si hablara de personas, no de café.
📍 Miguel E. Schultz 7C, San Rafael, CDMX
☕ Recomendado: flat white y pan artesanal con mermelada de la casa.
