Treinta y un años. Eso es lo que ha pasado desde aquel 31 de marzo de 1995, y sin embargo hoy Selena Quintanilla es tendencia en redes, suena en las radios y aparece en los estados de WhatsApp de gente que no había nacido cuando ella murió. Su legado lleva 31 años vivo y moviéndose, sin señales de detenerse. Azteca Quintana Roo
Lo de Selena no es nostalgia normal. Es algo más profundo. Es la historia de una mujer que rompió muros culturales con la cadera, que cantó en dos idiomas cuando eso todavía era una rareza, que fue diva y vecina al mismo tiempo. Su público no la recuerda como una celebridad lejana. La recuerda como alguien de la familia.
Hoy, artistas como Becky G, Kali Uchis, Demi Lovato y decenas más volvieron a publicar fotos con ella, versiones de sus canciones, agradecimientos. No porque sea tendencia hacerlo, sino porque genuinamente la sienten como influencia. Eso no se fabrica.
Y en algún lugar de Corpus Christi, en algún barrio de San Antonio, en algún mercado del DF, suena Como la Flor a todo volumen y alguien la canta completa sin equivocarse ni una sola letra. Ese es el legado real. No el museo, no el biopic, no los memes. Sino esa voz que sigue encontrando gente que la necesita.
