La espera terminó. Después de semanas de especulación y pistas misteriosas en redes sociales, el Vive Latino 2026 finalmente levantó el telón y reveló el cartel completo que hará retumbar el Estadio GNP Seguros (ese lugar que muchos todavía llamamos Foro Sol por costumbre) los días 16 y 17 de marzo.
Y vaya que la alineación no decepciona. Entre los nombres estelares que encabezarán el festival están Café Tacvba —esos íconos eternos del rock en español que nunca pasan de moda—, Paramore —trayendo toda esa energía nostálgica de los 2000s que tanto necesitamos—, Zoé con su rock espacial inconfundible, y la gran sorpresa: Peso Pluma, quien representa ese puente generacional entre el rock tradicional del festival y las nuevas corrientes urbanas que dominan las playlists actuales.
Los números hablan por sí solos: el año pasado, más de 160 mil personas inundaron el recinto durante los dos días del festival, y este 2026 se espera una convocatoria similar. Pero más allá de la fiesta musical, el impacto económico es gigantesco. Se calcula que el Vive Latino dejará una derrama superior a los 1,200 millones de pesos en la capital, considerando todo lo que implica un evento de esta magnitud: hoteles llenos, restaurantes a tope, Ubers trabajando sin parar y comercios locales viendo pasar a miles de festivaleros con ganas de gastar.
La preventa bancaria arrancó este lunes a las 2 de la tarde y, como era de esperarse, las páginas colapsaron casi de inmediato. Los boletos generales en fase 2 están desde $3,100 pesos (nada barato, pero tampoco sorprende ya), mientras que los abonos VIP superan los $5,800 pesos para quienes quieren vivir la experiencia sin empujones y con baños decentes.
En redes sociales, el cartel se volvió un fenómeno instantáneo: más de 2 millones de interacciones en menos de 24 horas. Twitter (o X, como insisten en llamarle) se llenó de debates sobre quién vale más la pena ver en vivo, memes sobre el precio de las cervezas y, por supesto, esas eternas discusiones sobre si “ya no es como antes”.
Lo interesante es que especialistas de la industria musical ven en este cartel algo más profundo: la mezcla entre rock alternativo clásico y corrientes urbanas como los corridos tumbados no es casual. Es el reflejo de cómo está cambiando el mercado latino, donde las nuevas generaciones no sienten que tienen que elegir entre un género y otro. Pueden perfectamente gritar las letras de “Chilanga Banda” y media hora después cantar “Ella Baila Sola” sin ningún conflicto existencial.
