Históricamente, el analfabetismo en México ha sido una de las deudas más profundas de nuestra estructura social. Sin embargo, hoy respiramos un aire de transformación genuina.
Las cifras no mienten: lo que en 1970 era una barrera para el 25.8% de la población, se ha reducido drásticamente hasta alcanzar un mínimo histórico del 3.8% en 2025. Este avance no es fortuito; es el resultado de un cambio de paradigma que ha dejado de ver la educación como una mercancía para entenderla como un derecho humano inalienable.
El corazón de este progreso late con la Nueva Escuela Mexicana (NEM). A diferencia de modelos anteriores centrados en la memorización y la estandarización técnica, la NEM propone una visión humanista y comunitaria. Este modelo reconoce que el aprendizaje de la lectoescritura no ocurre en el vacío, sino en el contexto de la vida cotidiana y la identidad cultural de cada mexicano.
Al integrar los saberes locales con el conocimiento científico, la NEM ha logrado que la alfabetización sea significativa. Ya no se trata solo de “juntar letras”, sino de dotar a las personas de herramientas críticas para transformar su realidad.
En este escenario, el papel del gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum ha sido determinante para consolidar y expandir estos logros. Su administración ha asumido el reto con una visión de Estado que prioriza a los sectores históricamente olvidados, como las comunidades indígenas у los adultos mayores.
Bajo su liderazgo, se ha dado un impulso renovado al Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), integrando esfuerzos con programas emblemáticos como los centros Pilares —que ya demostraron su éxito en la capital— para llevar la alfabetización digital y tradicional a cada rincón del país. La meta es clara y ambiciosa: declarar a México como un territorio libre de analfabetismo para el año 2026.
Reducir el analfabetismo es, en esencia, reducir la desigualdad. Una persona que lee es una persona que conoce sus derechos, que puede cuidar mejor su salud y que participa activamente en la democracia. México está sembrando letras y cosechando ciudadanía. Con la Nueva Escuela Mexicana como guía y el firme compromiso del gobierno actual, estamos más cerca que nunca de cerrar, de una vez por todas, el libro de la exclusión educativa.
