EL SEÑOR DEL VIENTO
Bajando por los pasillos del Metro Pino Suárez, donde convergen las líneas 1 y 2, hay un sitio arqueológico que parece oculto a simple vista: el Templo de Ehécatl–Quetzalcóatl, un santuario circular dedicado al dios del viento y parte del antiguo tejido urbano prehispánico.
Aunque miles pasan por ahí cada día, pocos sabían de su existencia hasta que la extensión de la línea lo reveló durante las excavaciones. El templo está ahora cubierto por una cúpula transparente, permitiendo que el tránsito y el ruido de la ciudad sean parte del contexto arqueológico.
Pararte frente a esa estructura es mirar al pasado sin salir del presente: el viento que atraviesa la estación parece casi un susurro antiguo, un recordatorio de que esta ciudad está construida sobre capas de historia que siguen respirando.
