La nueva gastronomía urbana en la CDMX: menos pose, más autenticidad

La escena gastronómica de la Ciudad de México está cambiando, y se nota. Después de años de alta cocina pretenciosa, menús que nadie entendía y discursos elitistas, está surgiendo algo más honesto: lugares donde lo que importa es el sabor, la historia y el contexto, no las apariencias.

La onda ahora va por espacios chicos, cartas cortas y sabores que conoces pero bien ejecutados. No se trata de “elevar” la comida tradicional como si necesitara arreglarse, sino de respetarla y trabajar con ella. Tacos bien hechos, fondas con un toque fresco, cafés de barrio con propuesta clara: lo de todos los días se vuelve lo importante.

Este cambio tiene sus razones. Por un lado, hay una generación de comensales que ya no se traga cualquier cuento: quiere saber cuánto cuesta, de dónde viene lo que come y que la experiencia valga la pena de verdad. Por otro, hay cocineros que entienden que la identidad no se construye desde lo espectacular, sino desde la coherencia. La gastronomía urbana ya no busca impresionar; busca quedarse, echar raíces.

Los mercados, las colonias tradicionales y los espacios híbridos se están convirtiendo en lugares donde comer también es una forma de entender la ciudad. La CDMX reafirma algo que siempre ha sabido: aquí, la comida no es solo comida. Es relato, es memoria, es ciudad.​​​​​​​​​​​​​​​​

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