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Si hablas de mariscos en la CDMX, tarde o temprano caes en Contramar. Lo que empezó como una pequeña marisquería en la Roma a finales de los noventa, hoy es uno de los restaurantes más icónicos del país. Su fundadora, Gabriela Cámara, abrió el local con una idea simple: pescado fresco, cocina honesta y un espacio luminoso donde la gente quisiera quedarse a comer sin ver el reloj.

El lugar conserva esa esencia. Nada pretencioso, pero con mucho carácter. Las paredes verde menta, las servilletas de lino y las mesas de madera clara ya son parte del paisaje de la Roma. Desde temprano, el olor a ajo, mantequilla y chile serrano te avisa que ya arrancó el servicio.

Aquí todo fluye rápido pero ordenado. Los meseros cruzan el salón con tostadas de atún, ceviches y el clásico de la casa: el pescado a la talla, mitad con adobo rojo y mitad con perejil. Es el plato más pedido desde hace más de veinte años, casi siempre acompañado de vino blanco o una cerveza fría.

Lo que tiene Contramar es constancia. La carta casi no ha cambiado desde que abrieron, y eso es parte del encanto. La gente regresa porque sabe qué va a encontrar. No hay trucos ni ingredientes raros; todo depende de que el producto esté fresco y la ejecución sea precisa.

El público es una mezcla interesante: vecinos de la Roma, chefs, artistas, turistas, familias que llegan los fines de semana. Aquí no hay música alta ni decoración exagerada; el ambiente se construye con las conversaciones y el movimiento constante. A la una de la tarde ya no hay mesa libre, y eso dice más que cualquier reseña.

Contramar también marcó tendencia. Inspiró a toda una generación de restaurantes que entendieron que la elegancia puede estar en la sencillez: un pescado bien hecho y un servicio amable. A más de dos décadas de haber abierto, sigue siendo referencia obligada.

📍Cómo llegar: Durango 200, colonia Roma Norte. Desde el Metro Insurgentes, camina unas seis cuadras por Durango hacia el poniente. Está casi frente al camellón central. Cuando veas las mesas llenas y los manteles blancos, ya llegaste.

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