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Como ocurre cada vez que tiembla, el Sistema de Transporte Colectivo Metro no se quedó con los brazos cruzados. Tras la activación de la alerta sísmica, la red implementó de inmediato sus protocolos de revisión: personal especializado recorrió estaciones, túneles y trenes para detectar posibles daños y garantizar la seguridad de los usuarios. El servicio se reanudó gradualmente conforme se fue confirmando que las instalaciones estaban en condiciones óptimas para operar.

Para los millones de personas que dependen del Metro para llegar al trabajo cada lunes, el susto fue pasajero. No se reportaron afectaciones estructurales ni incidentes graves durante la revisión. La CFE también informó que las redes de transmisión y distribución eléctricas no sufrieron daños tras el movimiento, y que las revisiones preventivas en los centros de monitoreo ya concluyeron sin novedades. Un lunes de infarto que, afortunadamente, terminó sin mayores consecuencias.

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