Hay pocas experiencias tan específicamente mexicanas como ver lucha libre en la Arena México un viernes por la noche. El olor a carnitas del puesto de afuera, los niños con máscaras de sus luchadores favoritos, las abuelitas que gritan con más pasión que nadie, el momento en que el luchador rudo hace algo tan injusto que todo el estadio se pone de pie en coro. Esta noche la Arena México vuelve a vivir su Viernes Espectacular del CMLL, uno de los eventos de lucha libre más tradicionales del país, y en el contexto de un fin de semana que tiene de todo, el espectáculo de la lucha libre sigue siendo una propuesta que no se puede sustituir.
Lo que mucha gente que nunca ha ido no sabe es que la lucha libre es, en su esencia, una forma de teatro popular. Los personajes, las narrativas de venganza y redención, los aliados inesperados y las traiciones calculadas: todo eso tiene una estructura dramática que funciona incluso para los que no conocen la técnica. La diferencia es que aquí los actores hacen sus acrobacias de verdad, a dos metros sobre el ring, sin red de seguridad y con el público a un metro de distancia. Esa proximidad física entre el espectáculo y el espectador es algo que ninguna pantalla ha logrado replicar.
El CMLL, fundado en 1933, es la empresa de lucha libre más antigua del mundo en operación continua, un dato que rara vez se menciona pero que habla de la profundidad de esta tradición en México. Esta noche, como cada viernes desde hace décadas, el Coliseo de la Doctores volverá a demostrar que hay formas de arte que no necesitan reinventarse para seguir siendo relevantes. Solo necesitan un escenario, un público y luchadores que se entreguen.
