Hay algo que está pasando en Ciudad de México los fines de semana, y los hoteles boutique lo están notando en sus cifras: la gente quiere escapar sin salir de la ciudad. Zonas como Roma Norte y Juárez —con su mezcla de arquitectura art déco, cafeterías independientes y calles que invitan a caminar— se han convertido en destinos de microturismo para quienes buscan desconectarse sin necesidad de tomar un vuelo.
Hoteles como Brick Hotel y Hotel Carlota reportan ocupaciones superiores al 75 % durante febrero, un mes que históricamente no figuraba entre los más fuertes del año. La clave está en la propuesta: programas de spa, clases de yoga, menús de gastronomía saludable y, sobre todo, una atmósfera que invita a soltar el teléfono y simplemente estar presente.
El huésped típico de estas escapadas tiene entre 28 y 42 años, viaja solo, en pareja o con una amiga, y busca una o dos noches de pausa real. No necesariamente quiere ver museos ni hacer turismo tradicional: quiere dormir bien, comer rico y volver al lunes sintiéndose un poco más persona. Es una necesidad muy concreta, y los hoteles que supieron leerla están cosechando los resultados.
