Si creías que el quiet luxury ya había dicho todo lo que tenía que decir, resulta que apenas estaba calentando motores. Lo que comenzó como una tendencia estética —nada de logos gritones, todo de materiales impecables— ha madurado en 2026 hacia algo que las consultoras de moda ya llaman “Quiet Luxury 2.0”: una apuesta más sofisticada donde la calidad no solo se ve, sino que se certifica, y donde pagar más por menos ostentación se ha convertido en el nuevo símbolo de estatus.
Marcas como The Row, Loro Piana y Brunello Cucinelli han incrementado sus precios promedio hasta un 12 % en el último año fiscal, y lo llamativo es que sus clientes prácticamente no parpadearon. La demanda se mantuvo estable, lo que habla mucho del tipo de consumidor que tienen en mente: personas de entre 30 y 50 años, con ingresos altos y una filosofía de compra que prioriza la inversión a largo plazo sobre el impulso de temporada. Para ellos, una prenda dura años —y eso, en el fondo, sale más barato que llenar el clóset cada seis meses.
En México, la tendencia también dejó huella. Boutiques de lujo en Polanco reportan un incremento del 9 % en ventas trimestrales, particularmente en prendas sin logotipo visible pero confeccionadas con tejidos como cachemira, lana merino extrafina y seda italiana. El mensaje es claro: quien sabe, sabe. Y quien no sabe, tampoco necesita saberlo.
