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Y en medio de esta red de sabores y encuentros, lugares como Café Nin y The Ventanita Cafe le ponen nombre propio a la experiencia gastronómica de la ciudad. Allí, las puertas se abren temprano, los cafés huelen como una invitación a comenzar el día con calma y las charlas improvisadas a veces duran más que el propio consumo de la bebida. No son solo cafeterías, son territorios de historias personales que se comparten entre sorbo y sorbo: anécdotas de trabajo, planes de futuro, recuerdos de viajes, risas y silencios que saben bien.
